lunes, 23 de marzo de 2015

TEXTO PARA COMENTAR EL DÍA 26 DE MARZO



Según la Teoría de la Relatividad, con perdón, toda masa contiene cierta cantidad de energía. La masa muscular de las modelos, siendo muy exigua, produce en las pasarelas y en las cabezas de las adolescentes unas vibraciones tan extraordinarias que han obligado a intervenir a las autoridades. En Francia van a exigir unos mínimos de carne para exhibirse en los desfiles. La masa verbal de los políticos, por el contrario, inflada hasta el paroxismo a base de una adjetivación hormonada, nos deja fríos. He ahí un caso de desproporción asombrosa, que aqueja a los bipartidismos parlantes, entre el tamaño y la fuerza. La densidad oral debería ser producto del significado latente, no del clembuterol sintáctico que engorda los discursos, dejándolos como esos filetes de carne que luego, en la sartén, se quedan en nada. Un buen mitin político es aquel que, partiendo de una energía infinita, provoca un big bang de palabras preñadas de pensamiento.
Si los Rajoy y compañía fueran conscientes de esto, podrían pasar los fines de semana en familia, mientras los votantes digerimos lo que les hemos escuchado a lo largo de los días laborables. En realidad, bastaría con que eliminaran la mentira en sus intervenciones radiofónicas o televisadas de los lunes o los miércoles para que zapeáramos en su busca en vez de venir ellos en la nuestra. Contemplar a unos y a otros diciendo la verdad resultaría tan espectacular y noticioso como asistir a un desfile de modelos de la talla 46. Pero quizá ya sea tarde para eso. El patrón de conducta vigente es el de un universo verbal inflacionario sin otro objetivo que el de la cantidad. Si los partidos emergentes se ponen a competir con esas pautas, solo lograrán colocarse. Y no se trata de eso.

lunes, 9 de marzo de 2015

TEXTO PARA COMENTAR EL DÍA 12 DE MARZO DE 2015

Se acabaron las navidades. Los días de cava y sidra, de turrón y polvorones, de espumillón, villancicos y petardos, han dado paso a la depresión postvacacional, y las colas para comprar en los comercios han sido sustituidas por las colas para cambiar los regalos. Y por la cuesta de enero. Pero ¡ay!, la navidad se fue y nos dejó algo más que un chorro de tickets-regalo: esos grupos de WhatsApp creados para los múltiples festejos con motivo de tan entrañables fechas.
"Cena de Navidad", "Cumpleaños de XXX", "Nochevieja", "Fiesta de Nochevieja", "Quedada Cabalgata", "Reyes", "Vacaciones", "Chocolate con churros en Plaza Mayor", "San Silvestre"... Grupos de WhatsApp creados ad hoc para un determinado evento que, en el mejor de los casos, se convertirán en grupos zombie: esos en los que nadie habla, o de los que -a cara de perro- se van saliendo todos los miembros hasta que un día te das cuenta de que eres el administrador del grupo porque TÚ eres el grupo.
Pero no todos los grupos de WhatsApp acaban en ese deseable destino. Muchos mutan en otra cosa. Como esos grupos que se crean con motivo de una despedida de soltero y acaban siendo una auténtica Biblioteca de Alejandría... de porno y vídeos inquietantes. Son esos grupos de WhatsApp que, con ligeras variaciones, todos albergamos en nuestros teléfonos, porque, no se engañe, los seres humanos somos muy parecidos.


martes, 3 de marzo de 2015

TEXTO PARA COMENTAR EL DÍA 06/03/15

Nuestra relación con el teléfono ha cambiado radicalmente. La evolución física del aparato ha provocado cambios sustanciales en nuestra forma de relacionarnos con él. Por ejemplo, antes se conversaba sentado o de pie, pero atado al aparato que estaba enchufado a la pared, y hoy se habla mientras se anda por la calle. Esto ha multiplicado el número de llamadas telefónicas, pues se suele aprovechar un viaje en autobús o una caminata a la intemperie para establecer una comunicación que, en el tiempo de los teléfonos fijos, no se hubiera hecho. En lugar de hacer llamadas compulsivamente desde el autobús, la gente leía medio periódico, o veinte páginas de un libro.

Pero esta evolución física del aparato, además de sus irrefutables bondades, también nos ha venido a complicar la vida, sobre todo a esas personas mayores que ya han perdido el tren de la modernidad electrónica. Las oficinas de las compañías telefónicas están llenas de gente mayor que se siente desamparada frente a ese instrumento que es una irrupción del futuro en su apacible vejez, y que relatan unos casos angustiosos que requerirían de la atención no de un técnico, sino de un psicólogo. El otro día, en los cinco minutos de cola que hice en una de estas oficinas, oí a un técnico que le decía a un señor mayor que su móvil no funcionaba porque no tenía tarjeta SIM: “Pues pago con una VISA y santas pascuas”, respondió el hombre muy resolutivo. Más allá otra señora, también mayor, preguntaba qué debía hacer para contestar el teléfono cada vez que sonaba, porque llevaba cuatro días sin poder utilizarlo. “Aprieta usted esta tecla”, le enseñó el técnico, y ella se quedó mirando con desconfianza su teléfono, como si fuera un bicho.